13 de Junio de 2024
La primera vez que pisé la tierra roja de este lado del río Paraná tenía menos de 12 años, era la época de los Fiorucci, las zapatillas Puma y las camisinhas musicales, ¡gran curiosidad del momento!

El puerto de embarque: São Paulo, que con Santiago compartió esa primera etapa de vida. Nada presagiaba que luego de un tiempo mi vida seguiría su curso en Paraguay.
En aquel entonces Ciudad Presidente Stroessner / Foz de Iguazú nos atrajo a conocer las Cataratas del Iguazú. Recuerdo el tormento de caminar por esas calles inundadas de gente a ratos, de agua a otros. El sol intenso de enero, la humedad asfixiante que emergía del asfalto y el zumbido de los murmullos incesantes de la ciudad. 

Hoy el zumbido se mantiene igual, el clima ya caló la piel y el auge de aquella ciudad con calles manchadas de tierra roja, es un hecho que, para gracia de la economía local, sigue creciendo. 

La nueva ciudad, la de Este, se convirtió en envidia y prejuicio de muchos. Ciudad del Este y las demás ciudades fronterizas están en posición de sentirse un paso al frente. No es en vano que tanta gente, no solo de Brasil, sino del cono sur viene a visitarla. Los productos que se pueden encontrar allí, quizá estén por encima del nivel de cualquier capital regional y del mundo, aunque la infraestructura no acompañe. 

Para quienes gustan de lo bueno, es una gran cosa tener a mano bienes de consumo de primer nivel sin movilizarse grandes distancias. Haber creado tal polo de turismo de compras es una gran cosa. Los ingresos que deja esta ciudad en el país son relevantes y las culturas que ahí se asientan enriquecen grandemente el cotidiano local. 

Encontrar desde un simple vino de denominación reservado hasta un famoso Château Margaux es la prueba del nivel en el que estamos como mercado y eso se debe a los empresarios que ven, justamente, mucho más allá de las, a veces, mezquinas fronteras. 

Debo reconocer que me entusiasma lo último que se puede encontrar en el mercado: vinos de clase mundial como el Solaia o el Sassicaia, los famosos Súper Toscanos. Esta denominación fue acuñada en los 70 fuera de las normas italianas que imponen sus denominaciones de origen calificadas o garantizadas (D.O.C y D.O.C.G) y son en su mayoría mezclas tintas de la autóctona Sangiovese con las francesas Cabernet Sauvignon, Merlot y Cabernet Franc. 

En el caso del Solaia, es un vino compuesto por 75% Cabernet Sauvignon, 20% Sangiovese y 5% Cabernet Franc en tanto el Sassicaia es 85% Cabernet Sauvignon y 15% Cabernet Franc. 

Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de vinos de clase mundial? 

Básicamente los vinos que lograron equipararse a la perfección con los franceses. 

En el valle de Napa, Robert Mondavi fue el precursor de la producción de vinos de clase mundial en 1965. 

Él fundó la primera gran viña del valle, y la posicionó en la categoría superior, tras la cata de Paris de 1976, donde se premió a los Chardonnay y Cabernet Sauvignon por encima de los franceses en una cata a ciegas. Mondavi es mundialmente conocido por el famoso Opus One, un vino que está disponible en nuestro país y desde luego en CDE. 

En nuestro continente tenemos varios vinos de esa categoría: el Seña, un proyecto entre Mondavi y Errazuriz en Chile, Don Maximiano también de Errazuriz, el reconocido Montes M de Viña Montes, el Almaviva, un vino cuya particularidad es la que si bien tiene su origen en Chile, su comercialización se hace exclusivamente a través de negociants del mercado de Bordeaux. Siguiendo con los chilenos está el Clos Apalta proyecto de la queridísima Madame Alexandra Marnier. De Argentina podemos hablar de la familia Catena, de México el Monte Xaninc. 

Este es nuestro mercado, el de los grandes vinos y es un error sostener que estos rótulos son exclusivamente for export. 

3 de Mayo de 2024

Mariela Castro

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