19 de Abril de 2021
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Las fundadoras de Catas Nómadas buscan dejar una experiencia única en cada viaje del consumidor a través de sus vinos.

Parece que fue un complot del destino aquella noche de junio cuando Antonella Volpe y Chip Sacco se juntaron para compartir unas copas de vino. En pocas horas surgió una novedosa idea y hoy confiesan que llegaron hasta donde no pensaban y que superaron cualquier expectativa.

Las dos amigas y fundadoras de Catas Nómadas se complementan, Chip es técnica en gastronomía y repostería, aporta ideas sobre la decoración y vela por la parte de producción, mientras que Antonella es máster en marketing y trabajó seis años en una distribuidora de vinos y está pendiente de lo comercial y de la estrategia de contactos. “Hacemos todo juntas y la verdad es que nunca nos pisamos demasiado. Desde el principio todo fluyó muy rápido”, recuerdan las emprendedoras. 

Catas Nómadas nació en un momento en que ambas buscaban frenar y preguntarse hacia dónde disparar sus futuros, cómo renovarse y encontrar una gran pasión. Lo que empezó como un pasatiempo, actualmente es un negocio próspero y enriquecedor. Las fundadoras explican que “el objetivo principal era hacer catas itinerantes en diferentes lugares de Asunción, para un público joven y romper con el tabú de que solo las personas mayores toman vino. La idea era que pudieran aprender y conocer más la bebida, aparte de pasarla bien en una cata”.

En el primer evento pensaron “vamos a tirarnos a la pileta a ciegas y veremos qué pasa”; pero fue tan impactante que supieron que tenían  que hacerlo bien, de forma profesional. Las 12 catas que hicieron durante el año tuvieron el toque de ambas emprendedoras, sus atributos; tenían  un contenido artístico. La casa o el lugar donde se hacían debía ser inspirador y poco a poco se hicieron de clientes fieles. 

Antonella y Chip lanzaron los Eventos Nómadas que son encuentros para marcas, siempre relacionados a lo artístico y con un maridaje. También organizaron una feria de vinos a cargo de un sommelier, donde las personas podían conocer más del vino, probarlo, maridarlo y tener la experiencia. 

6 de Abril de 2021

Lisandra Aguilar Wong

LA LLEGADA DEL COVID-19 

“Empezamos a tener clientes y este año íbamos a desarrollar muchas catas, cerramos una alianza con Patagonia, por ejemplo, y llegó la pandemia. La verdad es que paramos un mes para pensar qué hacer. Nos dimos cuenta de que en cuarentena todos tomábamos vino y dijimos: vamos a vender vinos”, explican.

Antes de la pandemia ya tenían su e-commerce desarrollado en un 50%. Lo rediseñaron y comenzaron a vender sus productos. Al principio solo ofrecían vinos, luego agregaron tablas y picadas y ahí comenzó a funcionar el proyecto. Después empezaron a hacer brusquetas, sándwiches, clericó y sangría, que también fue un golazo. “Odiamos la palabra reivindicar, nosotras evolucionamos en esta pandemia. Vamos a continuar con las catas obviamente, ahora ya se puede porque nuestros eventos eran de 30 a 40 personas. Si bien tenemos miedo al riesgo de generar un solo contagio y pasar una mala experiencia, seguramente en breve van a volver”, explican con entusiasmo. 

LA EVOLUCIÓN 

Buenas intenciones y un buen proyecto se pueden arruinar con un mal timing. A Chip y Antonella casi les pasa eso, pero supieron darle un giro y están vendiendo más que el año pasado. “La clave es que somos una estructura liviana que pudimos deshacer y volver a empezar de nuevo, si teníamos una empresa de 100 empleados iba a ser un caos. También contamos con nuestros propios seguidores porque no hubiese sido lo mismo si no existiéramos y de repente en pandemia decir ‘hola, vendemos vino’, nadie nos iba a creer. Realmente cuidamos el detalle”, expresaron las fundadoras.

Usando una sola palabra, ellas eligen definir Catas Nómadas como “irruptiva”, que todo el tiempo sorprende, y a pesar de que de repente genere alguna incomodidad en el rubro, y sean señaladas con el dedo, no pierden el espíritu canchero que las caracteriza.

“Nos vamos moviendo como el agua, de acuerdo a la situación que vivimos. Tenemos que adaptarnos al nuevo comportamiento del cliente, del consumidor que no va a ser el mismo de antes. Nos pasó que vendimos catas por zoom con un sommelier y después nos preguntaron si  podíamos nosotras hacer una cata, obvio que sí, conocemos de memoria nuestros vinos y tenemos práctica en catas. Al final le gusta más eso a la gente porque con el sommelier aprenden técnicamente, pero con nosotras disfrutan, es más relajado y se divierten”.

Las emprendedoras se definen como espontáneas, activas, mujeres innovadoras. “Empezamos haciendo catas, ahora somos una tienda digital gastronómica y después seguramente tendremos una tienda física donde la gente puede ir a comprar su propio vino, y por qué no, picar algo”, explican con miras al futuro.

 

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